Qué me dicen las preguntas de una clase sobre el próximo producto que crear

Por qué escuchar preguntas en directo dice más que una encuesta

Una pregunta hecha durante una clase tiene una ventaja frente a una encuesta posterior: llega sin filtro. Pedí directamente a la audiencia que escribiera en el chat qué procesos cotidianos consumían más energía y tiempo dentro del negocio, sin darle tiempo a preparar una respuesta bonita.

Las respuestas llegaron en tiempo real, con el vocabulario exacto de quienes trabajan con el problema todos los días. Alguien escribió sobre la estructuración de informes. Otra persona habló de responder correos con los programas disponibles para fiestas de cumpleaños. Otra comentó, de forma más ligera, que hacía sus propios anuncios. Ninguna respuesta estaba pensada o preparada: se escribió en ese mismo momento, con el vocabulario directo de quien vive el problema a diario.

Vi acumularse esos mensajes en directo y considero esa información mucho más útil que una encuesta estructurada previa al evento. El contraste entre lo que las personas dicen cuando tienen tiempo para pensar y lo que escriben en el momento explica, en la práctica, la diferencia entre los datos inducidos y los espontáneos.

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Recoger sin filtrar antes de organizar

El primer paso es recogerlo todo sin juzgar qué parece relevante a primera vista, dejando el análisis para después. Mi siguiente paso sería exportar todo el chat de la sesión, tanto los mensajes del canal abierto como las preguntas que habían recibido más votos de la audiencia.

Exportar parece sencillo, pero suele omitirse. Si borras o ignoras mensajes porque parecen repetidos o poco relevantes, pierdes la materia prima que la inteligencia artificial necesita para detectar patrones. La secuencia es clara: primero observo; solo después decido qué automatizar o dónde introducir inteligencia artificial. Ese ciclo pasa siempre por la observación antes que por cualquier herramienta o plataforma.

En la práctica, significa resistir la tentación de resolver inmediatamente el problema que parece más evidente. Antes de decidir nada, dejo todo el texto en bruto, con sus repeticiones, porque ese conjunto de datos permite después comparar frecuencia y gravedad sin sesgar el análisis antes de tiempo.

Dejar que la IA identifique patrones, sin pedirle opiniones

Después de exportar todo el texto, el siguiente paso es pedir a la inteligencia artificial que detecte patrones relevantes en las respuestas, sin pedirle opiniones ni dejarla adivinar lo que no está escrito. Le pediría que identificara lo más relevante entre todo lo que había escrito la audiencia.

Conviene tener una precaución: si solo pides a la herramienta que cuente frecuencias, puedes acabar tratando como ruido todo lo que aparece pocas veces. Un problema mencionado por pocas personas puede proceder de otro segmento, con un presupuesto y una urgencia distintos. Es una precaución sensata cuando haces el ejercicio por tu cuenta, sin convertir la frecuencia en el único criterio.

La idea central es que la inteligencia artificial solo es tan buena como los datos que recibe. Sin datos y contexto suficientes, la máquina empieza a adivinar, y eso no es lo que buscamos de una herramienta que debería aportar hechos, datos y contexto concretos.

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El criterio que uso para decidir dónde invertir tiempo

Uso lo que llamo coste por decisión: cuánto cuesta, en tiempo humano, errores y retrasos, cada decisión que un equipo toma repetidamente sobre el mismo tipo de tarea. Ese criterio ayuda a separar un tema popular de un problema que merece resolverse antes que otros.

Un ejemplo hipotético, que cada persona puede ajustar, situaba el coste de gestionar manualmente un lead en unos 19,44 euros por decisión, sumando tiempo humano, infraestructura, errores y latencia. Al incorporar inteligencia artificial a ese mismo proceso, el coste por decisión bajaba a unos 3,79 euros. En una empresa hipotética con 500 leads mensuales, la diferencia representaba, según las cuentas del ejemplo, más de 7.800 euros al mes solo en coste por decisión, antes de considerar otros costes del negocio y sin contar todavía el valor de cerrar más ventas al responder más rápido a las personas adecuadas. Es un ejercicio ilustrativo, no una garantía de resultados.

Ese es el razonamiento que aplico a las preguntas de mi propia audiencia: un tema muy frecuente que no cuesta dinero a nadie es solo curiosidad. En cambio, otro menos frecuente, pero ligado a horas de trabajo pagadas y desperdiciadas, ventas perdidas por lentitud o errores repetidos, merece atención primero, aunque parezca menos popular.

Distinguir a quien comenta de quien realmente pagaría

Que varias personas escriban sobre el mismo problema en el chat demuestra interés, pero no disposición a pagar por una solución. Saltarse esa distinción suele salir caro cuando se construye un producto sin comprobarla previamente. Conviene confirmar esa disposición antes de avanzar con la construcción.

Una forma sencilla de hacerlo es hablar individualmente con algunas de esas personas y preguntar si ya gastaron dinero, tiempo del equipo o contrataron alguna herramienta para intentar resolver el problema sin éxito. Es una recomendación práctica para comprobar esa disposición. La pregunta más útil es qué han intentado hacer y cuánto les ha costado hasta ahora.

Si la respuesta es no, el problema puede ser real, pero todavía no es urgente para esa persona, y no merece la pena construir una solución de pago para ella ahora. Si responde que sí, tienes una señal mucho más fuerte que cualquier recuento de comentarios: la diferencia entre decir que algo molesta y demostrar que ya se ha gastado dinero u horas de trabajo intentando resolverlo.

Pasar de la señal a la prueba sin construirlo todo de golpe

Después de recoger las respuestas y pedir a la IA los patrones más relevantes, no anuncié un curso completo ni un programa amplio. Propuse mostrar en la práctica cómo resolver uno de los principales desafíos identificados, utilizando inteligencia artificial y automatización de una forma técnica y directa.

Quien quiere tenerlo todo perfecto antes de mostrar nada suele saltarse este paso. Pasé de la señal recogida a una demostración práctica de cómo resolver un problema concreto, sin esperar meses para diseñar un programa entero a su alrededor. Es un recordatorio útil: el siguiente producto no necesita nacer completo, sino resolver algo que quienes escuchan ya han identificado como una dificultad real, aunque empiece siendo pequeño y enfocado.

Convertirlo en un hábito, no en un evento aislado

Este ejercicio puede convertirse en una rutina sencilla para cualquier negocio: escuchar regularmente a clientes y equipo, registrar lo que aparece con frecuencia y cruzarlo con el impacto económico real de cada problema. Así evitas que esa información se pierda después de cada conversación y antes de decidir.

No hace falta hacerlo solo en grandes eventos con cientos de personas escribiendo a la vez. Sirve cualquier canal donde tu audiencia o tus clientes ya te escriban a diario, ya sea soporte, comentarios o preguntas en una sesión más pequeña. Lo importante es adquirir el hábito de exportar, agrupar y comparar frecuencia con gravedad antes de decidir dónde invertir el tiempo, aunque el comienzo sea modesto.

En Laboratório da IA doy dos mentorías al mes, donde reviso proyectos de los alumnos y trabajamos la aplicación de IA y negocios online. Puedes llevar una duda concreta de este tipo a una sesión: qué necesidad apareció, qué has intentado y qué decisión necesitas tomar.